Agustín Da Silva, el “Rayo”, el destructor de prejuicios


Ya fue tarefero, vendió frutas y plantó pino. Conoce lo que son el hambre y el frío. Pero las adversidades que afrontó desde chiquito, además de la genética, le otorgaron un físico privilegiado para correr y un corazón fuerte para resistir, requisitos imprescindibles para un buen atleta.

Agustín Da Silva (18) corrió desde que dio sus primeros pasos. Corrió de los peligros, de la marginalidad y la discriminación. Primero corría descalzo, desordenado y sin un plan. Pero en un momento, su talento se fue encarrilando de manera natural.

En el colegio un profesor de Educación Física reconoció sus condiciones innatas y lo invitó a acercarse a la Escuela Municipal de Atletismo, donde Fabián Romaszczuk se encargó de pulir el diamante.

En poco más de dos años de entrenamiento, el protagonista de una historia de vida tan dura como inspiradora, se transformó en el mejor atleta obereño. El deporte le dio la posibilidad de ver más allá del horizonte gris que le ofrecía su entorno y sus progresos son notables, tal como corroboran los resultados.

Cerró el 2016 con el primer puesto en los 5000 metros del Campeonato Nacional U20 que se desarrolló en la ciudad de Mar del Plata; mientras que la semana pasada fue convocado por la Confederación Argentina de Atletismo para representar al país en el Sudamericano de Cross Country que se desarrollará en Santiago de Chile, el 19 de febrero próximo.

Agustín será el único representante misionero en la delegación argentina, integrada por los mejores 18 atletas de la disciplina.

Le ganó a todo 

“El atletismo me ayudó a crecer, me hizo conocer lugares y personas. Por ejemplo, ahora me voy a Chile y nunca me imaginé eso. Pero creo que todo se logra con constancia y sacrificio”, remarcó.

El mismo compromiso y responsabilidad que exhibe a la hora de entrenar, se nota en el colegio. El año pasado obtuvo el mejor promedio de su curso y pasó a cuarto año. “Ahora voy a tratar de ser el abanderado”, anticipó con una sonrisa.

Contó que con el tiempo aprendió a controlar la ansiedad y a regular las fuerzas.Disfruto entrenar y competir. Tengo un lindo grupo que me acompaña. Aparecen chicos con muchas condiciones, pero por ahí no tienen la constancia que hace falta y no entrenan lo suficiente. Sin sacrificio no hay premio”, remarcó.

En 2015 fue consagrado el mejor deportista obereño del año. Su entrenador, en tanto, lo definió como “un chico disciplinado, comprometido y sacrificado”.

Y Agustín ya ganó. Le ganó al poxirrán que mata las neuronas de sus vecinitos de ocho años, le ganó al prejuicio que en la villa son todos vagos, les ganó a los que reclutan chicos para robar por dos porros, le ganó a un destino que parecía obsesionado con frenarlo.

El “Rayo” les ganó a todos y cada día corre más rápido.



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