Recuerdos de una noche trágica y una pasión a prueba de todo

“A mis amigos les digo que desde el 2003 tengo dos cumpleaños: el 5 de agosto y el 26 de mayo”. Así, sin muchas vueltas, Daniel Pizzutti (34) graficó lo que fue la experiencia más extrema de su vida.
En la madrugada del 26 de mayo de 2003, regresaba junto al plantel del Oberá Tenis Club (OTC) de jugar un partido en Formosa y la combi en la que viajaban chocó de frente con una camioneta, cuyo conductor se durmió y cruzó de carril. A consecuencia del siniestro, fallecieron ambos choferes, mientras que varios integrantes del equipo obereño padecieron lesiones de consideración, entre ellos, el base Pizzutti, que sufrió luxación de cadera izquierda, esguince de tobillo derecho y fractura de muñeca derecha.
En realidad, el plantel Celeste viajaba en dos vehículos y el primero de la caravana logró esquivar el impacto del rodado que ocasionó la tragedia, pero el conductor de la segunda combi no tuvo tanto margen, más allá de evitar un choque frontal que hubiera significado más víctimas. El entonces entrenador Miguel Zandomeni viajaba adelante, salió despedido por el parabrisas y salvó su vida de milagro. Trece años y medio después, Pizzutti recordó como si fuera ayer la ubicación de cada uno de sus compañeros dentro del vehículo y contó que iba dormido. “Lo que escuché fue un ruido y quedé inconsciente. Cuando me desperté estábamos patas para arriba y sentí que había alguien por mis piernas. El Gordo (Seybold) y José (Fabio) viajan en el último asiento y ya habían salido por atrás. Esos son mis primeros recuerdos que tengo”, mencionó.
Pasión intacta
El accidente se produjo alrededor de las 4.30 sobre el kilómetro 1.632 de la ruta nacional 12, a la altura del paraje Escorza Cué, cerca de la localidad de Itatí, Corrientes. En aquella temporada, OTC militaba en la ex Liga Nacional C de básquet y regresaba de jugar ante Estudiantes de Formosa. “Perdimos ese partido y nos quedamos a cenar en el mismo club. Me acuerdo que miramos por tele el partido de San Antonio Spurs, que también perdió”, recordó. En aquella sobremesa, nadie imaginó la tragedia que se avecinaba. “Con los años, uno va cayendo en lo que pasó y lo que pudo haber pasado; psicológicamente no me afectó. Lo que sí, convivo con la lesión y, por recomendación del médico, no tendría que estar compitiendo”. “Pero es una pasión y por suerte mi cadera todavía está bien, aunque tengo que cuidarme para no tener problemas tan pronto. Lo principal es divertirme y compartir. Me gusta que a mis compañeros les guste jugar conmigo”, subrayó.
Tras varios meses de recuperación y un año medio sin jugar, en 2005 volvió a la competencia y en 2006 integró el plantel que logró el ansiado ascenso a la Liga Nacional B, sin descuidar sus estudios, al punto que en 2007 se recibió de ingeniero civil. Ya dedicado de lleno a su profesión, nunca dejó de lado el básquet, una pasión inoxidable. Jugó torneos provinciales con O.T.C. y A.E.M.O. y hoy despunta el vicio en la Súper Liga, un competitivo comercial local. “Y el miércoles jugamos la final”, contó entusiasmado, aunque “después me duele todo”, agregó con una sonrisa.
Superación y esfuerzo
En diálogo con El Territorio, Pizzutti destacó las muestras de solidaridad y el cariño que recogió durante los meses de recuperación después del accidente. Ni siquiera perdió el año en la universidad, ya que los docentes le consideraron las faltas y pudo rendir en tiempo y forma. En 2005, volvió a jugar con O.T.C. y un año después logró el ascenso a la Liga B, siempre con gran esfuerzo y compatibilizando el entrenamiento con el estudio. Una mañana, se quedó para rendir una materia y al mediodía viajó en auto con un dirigente para jugar esa misma noche en Corrientes, con el desgaste que ello implica. “Terminábamos de entrenar a las 12 de la noche, me dormía a la 1 y las 7 me tenía que levantar para ir caminando a la facultad, para entrar a las 8; y a las 2 de la tarde entraba de vuelta”, detalló. Por ello, tras el ascenso del 2006, tomó la decisión de priorizar sus estudios: “Soy ingeniero, entonces todo lo que pasa lo paso a números. Hice la cuenta de qué vida útil tenía como jugador y no me convenía dejar mucho tiempo mi carrera para dedicarme exclusivamente al básquet”.
Hoy disfruta de su familia, su esposa y sus dos hijos, trabaja como ingeniero y profesor universitario, pero la pasión por el deporte no se agota. “Gracias al básquetbol tengo amigos por todo el país y eso es lo mejor que tiene el deporte, la gente que conocés y los amigos que te deja”, afirmó sin dudas, a pesar de aquel amargo recuerdo de la ruta.
El chofer no pudo hacer demasiado
En el accidente del 26 de mayo del 2003, fallecieron los choferes de ambos vehículos siniestrados. La combi de OTC era conducida por José Armando Pauluk y el segundo conductor fue identificado como José Lezcano. Además de Pizzutti, también resultaron lesionados los jugadores Daniel Acuña, Marcelo Revinski y Gabriel Pared, y el entrenador Miguel Zandomeni. El plantel se completaba con José Fabio y José María Seybold, quienes viajaban en la última fila de asientos y resultaron ilesos. “Pienso que en la mayoría de los accidentes hay incidencia del factor humano, pero en nuestro caso el chofer de la combi no pudo hacer demasiado”, reconoció. Y agregó: “Desde el punto de vista de la organización, a los clubes de Misiones les cuesta mucho participar en torneos nacionales porque estamos lejos de todo y los viajes son largos”.
Fotografía por SUPER LIGA


Esto es un comentario
ResponderBorrar