El intendente de Oberá echó a dos empleados que denunciaron injusticias en el hogar de ancianos


En la función pública la honestidad, el compromiso y la vocación suelen ser atributos devaluados. Para los políticos parecería que valen más la obsecuencia, la mentira y la traición. 

Ariel Correa y su esposa Laura fueron sancionados por el intendente Carlos Fernández por tratar bien a los abuelos alojados en el Hogar de Ancianos Yerbal Viejo, dependiente de la Municipalidad de Oberá. 

El “pecado” de la pareja fue denunciar ciertas injusticias que ocurren en el lugar, como ser maltrato a los abuelos y al personal. El castigo fue el traslado de ambos. A ella la mandaron a barrer de las calles y a él lo pusieron como sereno de alguna dependencia de la comuna.

Tanto Ariel como su esposa se capacitaron para tratar con los ancianos y su trabajo en el asilo fue varias veces reconocido. Pero para Fernández y su sus alcahuetes con chapa prestada nada de esto importa, ya que los consideran traidores por decir la verdad.

“Teníamos objetivos claros con Laura, mi esposa, en el marco de mejorar la calidad de vida de nuestros ancianos, y los dos tenemos preparación profesional. Hasta que nos quejamos de algunas injusticias y comenzó el hostigamiento hacia nosotros, hasta llegar a esto. No hubo un llamado de atención previo ni nada, pero fuimos despojados sin motivo. Si cometimos un error, fue el de quejarnos en la Municipalidad sobre la agresividad por parte de la encargada”, explicó Correa. 

Incluso, semanas atrás desde el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales de Oberá denunciaron maltratos hacia el personal del asilo.

Antes, a fines de noviembre, el diario El Territorio publicó el testimonio de un octogenario que reside en el lugar y denunció presuntas irregularidades cometidas por ciertos agentes del área, como ser el manejo arbitrario de las tarjetas de débito de algunos abuelos alojados en el asilo. Ahí comenzó la persecución a los empleados apuntados como “informantes” de la prensa.

“Son reiteradas las quejas por parte del personal del asilo de ancianos, sobre todo contra la encargada del sector, Mariela Monzón, a quien acusan de aprietes, persecución, improperios verbales y burla”, indicó el sindicalista Oscar Flores. 

Ahora sancionaron a los empleados y los abuelos están con miedo. El escarmiento de Fernández rindió sus frutos.



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