Otra aparición del impresentable concejal Hugo Cabrera, el que se jacta de tener 17 hijos con 12 mujeres


El 26 de enero, Crónicas del Monte publicó un artículo bajo el título “La historia del nefasto concejal Hugo Cabrera, el loco de la cadena... y de las palizas a su mujer y sus hijos”. Hoy, el impresentable vuelve a ser noticia y no justamente por algo noble, más bien todo lo contrario.

Por las redes sociales transcendieron fotos donde se lo observa acostado en una cama (de dudosa higiene) exhibiendo una buena cantidad de billetes.

“Solo muestro para los que aseguraban que mi reclamo era por la plata, no se si alguno saven sumar tengo algo de capital”, escribió textualmente el energúmeno. 

Los horrores ortográficos pasan a un segundo plano, lo grave es la obscenidad expuesta y la jactancia del funcionario, que en su perfil de Facebook se presenta con frases como “empresario y concejal en política”, “estudió en ninguna” y esta es mi preferida: “Tengo 17 hijos con 12 ex parejas”.

En la citada nota del 26 de enero ya quedó explicitado que parece un personaje de ciencia ficción, no por lo extraordinario, sino por lo incalificable. Y, para colmo, ostenta con cargo público como concejal de la localidad de Mártires.

Un par de días antes había iniciado una huelga de hambre y se encadenó en el arco de acceso al pueblo a manera de reclamo porque le descontaron el sueldo. “Me siento perjudicado porque cobrábamos 10 mil pesos y ahora cobramos 6 mil, y yo tengo que pagar 7 mil de préstamos por mes”, dijo entonces.

Lector de la Biblia 

Pero esta no fue la primera vez que el loco de la cadena hizo de las suyas, ya que en julio del 2011 se encadenó frente al Juzgado de Familia de Oberá en reclamo por una medida judicial que le impedía acercarse a sus hijos.

Aquella vez reconoció como si nada que golpeó a su pequeña de cinco años, si total “la Biblia me autoriza a castigar a mis hijos para educarlos”.

Precisamente, aquella restricción de acercamiento a sus hijos por seis meses se sustentó en un informe del médico policial que constató que Cabrera golpeó a su hija de cinco años con una vara en las piernas, los glúteos y la espalda, lesiones que demandaron curaciones.

Incluso, en sede policial reconoció que le pegó a la chiquita “para educarla”, y agregó: “Le di unos buenos varillazos porque soy el padre y tengo que educar a mis hijos. Y la Biblia me autoriza a que eduque a mis hijos”.

Entonces el juez de Familia, José Moreira, detalló que el concejal estaba separado de su esposa, ya que la señora se fue de la casa cansada de los golpes.

Hoy el engendro volvió a ser noticia y, como cada vez que aparece, la clase política retrocede cien años.



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