SE LE ROMPIÓ EL CORAZÓN

Los médicos nunca reconocieron de manera oficial lo que creyeron que originó la muerte de doña Norma. Desde un principio, su caso generó intriga y controversia en el sanatorio donde permaneció 21 días en coma.
A la semana, una enfermera notó que la mujer lloraba y se lo contó al médico, que primero se sonrió, descreído. Pero un par de días más tarde, el mismo doctor constató lo improbable: doña Norma lloraba. No es que lagrimeaba por alguna acción química del cuerpo en ese estado; su rostro entero estaba regado en llanto y sus gestos eran los de una persona que sufre.
El coma fue producto de un ACV y tenía pocas chances de sobrevida, pero a los 21 días despertó. La única secuela fue una leve parálisis en el brazo izquierdo.
Regresó a su casa recuperada, aunque a los pocos días recayó y volvió a la clínica, muy desmejorada. No volvió a caer en coma, pero tampoco hablaba, no comía, no se reía ni nada.
“Ella no tiene ninguna enfermedad, sólo no tiene ganas de vivir”, confió un médico. Por los pasillos del sanatorio circuló la versión de un terrible drama familiar, nunca confirmado por nadie. Y ella murió.
Desconcertado, su doctor de cabecera especuló que falleció a consecuencias del “síndrome del corazón roto” o cardiomiopatía de Takotsubo, como se cita en la bibliografía médica.
“Un estrés físico o emocional intenso, como la pérdida de un ser querido o una fuerte discusión, puede rompernos literalmente el corazón”, detalló el profesional.
Doña Norma se llevó el peor de los secretos a la tumba y el dolor la mató, un mal que parece costar
muchas vidas, aunque no se exprese en ningún certificado de defunción.
(Imagen ilustrativa)


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