MARCADO


Ramón Coronel siempre contaba que la primera vez que murió no vio luz, no vio túnel, no vio nada. Cayó de un techo, un verano tormentoso, pero zafó con lo justo. Según el médico que lo atendió, estuvo muerto tres minutos y pico. No tenía pulso ni presión. No respiraba.

Pero de golpe sonó el aparataje y reaccionó. A los dos días le dieron el alta y volvió a su casa, y a la semana estaba otra vez en la ruta.

Pasaron cinco años y volcó con el camión en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Ahí no murió, pero se rompió una pierna y el cráneo en dos partes. Estuvo ocho días en coma y casi un mes en terapia intensiva, con todos los chiches.

Terco como pocos, a los seis meses estaba otra vez manejando y viajó a Chile con una carga de pino. Regresó sano y salvo.

Una mañana de mayo, de llovizna y frío, quiso atar al perro y se resbaló en el corredor. Pegó la nuca contra el canto de una mesita y chau. La tercera fue la vencida, habrá dicho La Parca, que lo tenía marcado.

Ramón Coronel contaba con apenas 43 años cuando se murió en serio.




(Imagen ilustrativa)

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