El genocidio mbya guaraní persiste en Misiones

Primero aniquilaron a sus dioses. Después los despojaron de sus tierras, talaron sus montes y contaminaron sus arroyos. Ahora los mata la indiferencia, la falta de oportunidades, el atropello a su cosmovisión y el asistencialismo vacío.
Los mbya guaraní se mueren y el genocidio parece irreversible. El domingo falleció una beba de once meses que permanecía internada en el Hospital de San Vicente. La pequeña pertenecía a la comunidad guaraní de Chafariz y llegó dos días antes con un cuadro de fiebre, vómitos y deshidratación severa.
Al mismo tiempo, otros dos chiquitos están internados en el Hospital Samic de Oberá con síntomas similares a la fallecida, mientras que un tercero padece neumonía. En tanto, hace un mes murió un niño de un año por intoxicación. Se presume que consumió agua en mal estado de una vertiente de la aldea, según sus familiares.
La comunidad de Chafariz fue noticia en diciembre pasado, cuando los medios nacionales se hicieron eco del reclamo de la comunidad por un puente sobre el arroyo que los pequeños cruzaban a nado para asistir a la escuela. Después de la repercusión mediática el gobierno construyó el viaducto.
Desterrados
Actualmente, las comunidades mbya guaraní de Misiones subsisten por la venta de artesanías, como cestería, figuras de animales talladas en madera y los tradicionales arcos y flechas.Ya sin los recursos de antaño por la deforestación y la contaminación de los ríos y arroyos, muchos se desempeñan como tareferos en la cosecha de yerba mate y realizan changas en las chacras. Muchas mujeres y niños recorren las calles de las ciudades pidiendo limosnas. Así, los otrora dueños de la tierra, se convirtieron en desterrados que deambulan dando lástima.
El alcoholismo y la drogadicción hacen estragos en las comunidades, como ya alertaron los caciques, al igual que la adicción al juego. Los paisanos ni siquiera pudieron escapar de los vicios importados por el hombre blanco.
Santiago Escobar, coordinador del Consejo de Caciques de la Nación Mbya Guaraní, reconoció que “duele mucho ver a un niño pedir monedas. Duele porque nosotros no fuimos pobres, fuimos empobrecidos. Nos hicieron invisibles. Nuestros ancestros no pudieron salir adelante con el arco y la flecha, por eso confiamos en que el estudio y la cultura son nuestras armas para salir adelante”.
(Imagen ilustrativa)


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