PLANIFICIÓN Y LOGÍSTICA

El rencor surgió por plata, por un negocio mal parido y sospechoso de antemano. Una noche golpearon su puerta, el Polaco abrió confiado y un fogonazo iluminó la noche. El tiro le dio en la pierna derecha. Un médico conocido -que no preguntó demasiado- le curó la herida y la Policía nunca se enteró del hecho. Pero el Polaco sabía quién fue el que apretó el gatillo.
Pasaron unos meses. Una tarde llegó a su casa, dejó el auto afuera y entró a buscar unas herramientas. Su esposa vio que un tipo esperaba en el coche y le preguntó quién era. Le respondió sin mirarla: “Es el nuevo chacrero, Chito”, y se fue. El resto fue tiempo y paciencia.
Una noche el Polaco dejó a Chito en el bar donde paraba aquel que le había disparado. Se hicieron compinches de tragos y solían ser los últimos en irse del bar. Así pasaron los días y las semanas, hasta que llegó la madrugada que tantas veces imaginó el Polaco. Chito y su compinche salieron bastante pasados de copas, hicieron unas pocas cuadras y, de repente, dos arteras puñaladas concretaron la venganza.
Cargaron el cadáver en el baúl del coche del autor intelectual y viajaron casi cien kilómetros para desechar el cuerpo en un tramo del río Paraná. Chito no volvió por el bar y el Polaco ya murió hace unos cuantos años, sin rendir cuentas a nadie. Tampoco lo abrazó el remordimiento. Para él todo fue cosa de planificación y logística.
(Imagen ilustrativa)


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