LAS GUERRAS DE CEFERINO

Tenía apenas 50 años cuando murió consumido por el alcohol y los fantasmas de la guerra que anidaron en su alma. Ceferino Gómez combatió sirviendo en la Marina, donde cuentan que luchó con coraje y la convicción de estar haciendo lo correcto por la Patria.
Tras el conflicto bélico regresó a Campo Ramón, su pueblo natal, se casó y tuvo varios hijos. Pero ya era otro cuando volvió. “Como tantos camaradas, Ceferino volvió alcohólico de la guerra y nunca pudo recuperarse. Allá nos daban alcohol con pastillas y eso hizo estragos”, contó un ex combatiente que luchó a su lado.
En realidad, Ceferino nunca dejó de pelear. Allá contra los ingleses, acá contra el veneno de la botella. Estuvo internado en el hospital público y después en una clínica, pero no encontró la contención que necesitaba o no tuvo la fuerza para tironear con los demonios del pasado.
Es que nadie vuelve a ser el mismo si mata o ve morir a un amigo bajo esquirlas de metralla.
Una noche, en su casa, sintió que una traición de amor merecía al menos el amague de una bala. Agarró la escopeta y lanzó amenazas, lo denunciaron y un juez lo condenó a seis meses de cárcel.
Nadie tuvo en cuenta sus problemas de salud y ni que era un héroe en desgracia. En sus últimas horas de vida, Ceferino batalló contra el delirio del síndrome de abstinencia, tirado en el piso helado en una celda oscura, ingrata herencia que le dejó la guerra de Malvinas.
(Imagen ilustrativa)


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