Reconoció que vendió cuatro hijos para solventar su adicción a las drogas


Se disculpó por el desorden, ofreció la única silla que tiene, se sentó sobre un balde y prendió el cuarto cigarrillo en un ratito. Sara (35) quiso romper el silencio y contó la historia que la atormenta.

La humilde mujer, casi analfabeta, entregó en adopción a cuatro de sus seis hijos, aunque aseguró que lo hizo sometida a enormes presiones, amenazas y bajo los efectos de la droga que le proveía la misma intermediaria que hizo de nexo con los padres adoptivos. 

Una vida de promiscuidad y privaciones hizo mella en el cuerpo de Sara, que aparenta varios años más de los que tiene. Reconoció que cursó hasta el cuarto grado y que por eso apenas “entiendo las letras, por eso todo lo que firmé y declaré fue porque me obligaron”.

Pero la acusación más grave que lanzó tiene que ver con la supuesta manipulación de la que dijo haber sido víctima por parte de una conocida “busca panzas” de Oberá, quien habría oficiado de intermediaria en las adopciones de sus hijos.

“Se enteró que yo fumaba porro y me empezó a dar plata para que compre”, confesó.

Quebraba por la culpa y la indignación de sentirse también una víctima, aseguró que “cuando tomaba alcohol y fumaba marihuana quedaba como anestesiada, no me importaba nada y le decía todo que sí. Iba y firmaba cualquier cosa”. 

En el patio de su rancho, confesó que en los últimos doce años dio en adopción a cuatro hijos, dos varones y dos nenas, por cada uno de los cuales habría recibido entre 3.000 y 10.000 pesos.

Modus operandi 

La mujer no posee pareja estable y reside sola en Villa Cristen, en un humilde caserío enclavado detrás del polideportivo Municipal. Dos de sus hijos son criados por el abuelo, el padre de Sara, quien no la deja verlos.

“Dice que tiene miedo de que yo los venda, que soy una mala madre -reconoció-. Pero parece que se olvida que él mismo firmó la autorización porque yo era menor cuando entregué mi primer bebé”.

Es más, comentó que una hermana suya, que actualmente reside en Posadas, también dio en adopción una criatura por intermedio de la misma y conocida busca panza, quien tiene fluidos contactos con abogados del medio.

Con detalles explicó el modus opernadi de la intermediaria, quien para no despertar sospechas habría organizado los sucesivos partos en diferentes lugares y localidades de la provincia. Así, detalló que el primer bebé que dio en adopción nació en el hospital de Leandro N. Alem, el segundo en la casa particular de una partera, el tercero en una clínica privada de Oberá y el cuarto en un sanatorio de Posadas. 

“Para tener al segundo bebé me llevaron a una casa y me hicieron goteo para apurar el parto. Me sentí muy mal, tardó como una hora y el bebé casi murió, estaba todo azul”, recordó y, por primera vez en la charla, se quebró en llanto.

En todos los casos la intermediaria asistió a la madre biológica con mercadería antes de parto y luego de dar a luz con dinero en efectivo. 

Según afirmó, pasado un tiempo la asaltó el remordimiento por sus actos del pasado y trató de contactarse con la busca panzas, pero fue muy mal tratada, al punto que la mujer intentó agredirla físicamente, aseguró.

“Se aprovecharon de mi ignorancia y de mi vicio. A veces sueño con mis bebés…”, alcanzó a decir antes de quebrarse de nuevo.


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